La Sala de Espera del Depósito – 3

Sobre la marcha, el inspector López Bravo decidió que no se podía llevar a ese hombre a comisaría para interrogarle.

–¿Cómo ha venido hasta aquí Sr. Iglesias?

–En coche.

–¿Vive fuera de Madrid?

–Sí, en El Escorial.

–¿Se acuerda de dónde ha dejado el coche?

–En el aparcamiento del Depósito

–Bien, déjeme las llaves. Usted no está para conducir esta noche. Vamos a sacar el coche del aparcamiento y dejarlo aparcado donde usted pueda recogerlo mañana.

–¿Y cómo me voy a mi casa?¿Me va a llevar usted?

–Usted necesita descansar y no creo que su casa sea hoy el lugar más adecuado. ¿Me da el modelo y marca de su coche?

–Ford Cougar, gris metalizado. XXX00000– Se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un llavero de coche que le dio al inspector.

–Le acompaño a la cafetería. Usted espéreme allí mientras yo hago unas gestiones.

Tras dejar a Ángel enfrentado a una Coca-cola en la barra de la cafetería del tanatorio, edificio adyacente al depósito de cadáveres, el inspector López Bravo se sentó en un banco del pasillo y sacó el móvil.

–Fernando, a ver, estoy en el depósito con Ángel Iglesias…

–…

–Sí, el de la mujer de la sobredosis. Está en un estado realmente lamentable y lo malo es que vive fuera de Madrid …

–…

–No, fuera de Madrid capital, en El Escorial. Si le dejo subirse al coche esta noche tendremos dos cadáveres en vez de uno. Pídele a Laura por favor que llame a nuestro hotel y reserve una individual para esta noche…

–…

–Gracias, con su coche necesito tu ayuda. Yo charlaré con él un rato en la cafetería de aquí, a ver lo que le puedo sacar sin presionarle demasiado y luego me lo voy a llevar al hotel. Necesito que saques el coche del aparcamiento y lo dejes aparcado cerca del hotel para que lo recoja mañana…

–…

–Estoy en la cafetería del tanatorio. Gracias. Te veo en diez minutos.


Cuando volvió a la cafetería se encontró a Ángel en la misma postura, la Coca-cola sin tocar.

–Sr. Iglesias, le he reservado una habitación de hotel cerca de la comisaría, yo le llevo y usted intenta descansar algo esta noche.

Ángel no parecía darse cuenta de que le estaban hablando.

–Un compañero va a llevar su coche hasta allí, así que cuando mañana por la mañana acabemos con el papeleo puede usted recogerlo e irse a su casa

Ni un ligero pestañeo. El inspector no podía por menos que sentirse incómodo.

Fernando le sorprendió cuando silenciosamente se colocó a su lado en la barra:

–¡Qué susto Fernando! No te había sentido llegar. Buf, ¡menos mal que no has tardado…

–¿Qué tal éste?– Hablando en voz baja e indicando con el movimiento de su cabeza a Ángel

–En estado de shock todavía– Apartándose los dos cautelosamente de Ángel –Toma las llaves, es un Ford Cougar, gris metalizado matrícula XXX00000.

–¿Está dentro del parking o en la calle?

–Dentro, según él.

–Ok. Si no hay sitio en el parking del hotel lo dejaré donde la comisaría, es un coche muy goloso.

–Gracias Fernando. Yo le voy a proponer una copa cuando lleguemos al hotel, a ver si relajándole un poco le puedo sacar algo.

–Ten cuidado no se te eche a llorar en tus brazos.

–No sería la primera vez.

–Nos vemos mañana por la mañana.

–Hasta mañana y gracias.

–A mandar, para eso estamos.

–Deséame suerte.

–Sabes que no te hace falta.

Fernando salió de la cafetería rápido y sigiloso como siempre. El inspector López Bravo dio media vuelta y se acodó en la barra al lado de Ángel que siguió sin inmutarse. Sacó un billete de diez euros de la cartera e hizo señas con él al camarero para que se cobrara.

Una vez recogido el ticket y el cambio del platillo se encaró con Ángel:

–Sr. Iglesias nos tenemos que ir.

–¿Me lleva usted a casa?– sin volverse a mirarle.

–No, le llevo al hotel del que le he hablado.

–Aah, no me acordaba.

–A no ser que tenga algún familiar con quien quiera pasar la noche.

Esa frase le hizo dar un respingo como si de repente se hubiera soltado un muelle en su interior. Estirando la espalda y girándose para mirar al inspector López Bravo, le dijo con un claro matiz de angustia en su voz:

–No, a nadie.

El inspector tomó nota mental de esta reacción pero no lo tradujo en su rostro.

–Estupendo. Entonces véngase conmigo al parking que lo llevo.

–¿Y mi coche?¿Se va a quedar aquí toda la noche?

Otra anotación mental, no parecía acordarse de conversaciones mantenidas hacía menos de media hora.

–El agente Fernando Moreno se lo ha llevado para aparcarlo en el parking del hotel, me dio usted las llaves.

–Aah– y la bombilla que se había encendido dentro de él se empezó a apagar, como marchitándose.

© Mara Funes Rivas – Julio 2020

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